Un animal social y moral

  • Autor: José Ramón Lasuén Sancho, Presidente del Grupo Aragonés del Capítulo Español del Club de Roma

  • Fecha: 30 de septiembre de 2018

Hace pocos años, Earl Cook, anticipó que la evolución humana es un proceso biológico, que origina y amplía progresivamente el hombre, para aumentar su bienestar. que lleva a cabo capturando cumulativamente cuanta energía puede conseguir de la naturaleza, física y animada. para incrementar, primero, su conocimiento y luego su capital y consumo.

Lo lleva a efecto utilizando el conjunto de valores, fines y medios, que le indican cual es la mejor forma de utilizarla. ahora, ¿cómo los averigua? hasta hoy, la mayor parte de los grandes autores, suponía que el hombre los obtenía mediante deducciones intelectuales a partir de principios religiosos o filosóficos.

Ian Morris, que ha continuado el argumento, rehúye los defectos de esos valores idealistas. E hipotetiza, al contrario, que el hombre descubre los valores que ha de utilizar en su lucha por superar a la naturaleza, experimentalmente. Material e históricamente, por prueba y error, ¿cómo lo hace? a medida que va entrando en un entorno nuevo, dice, aplica, corrige y adapta los valores que utilizó en situaciones parecidas previas. Hasta que los cambios más críticos, que en ellos introduce, producen nuevos y mejores resultados. Compatibles, además entre sí, en cada una de las cuatro actividades que juzga fundamentales para el cambio que necesita, son: la energía de que dispone, el grado de urbanización alcanzado, la tecnología incorporada en sus productos y máquinas y el poder militar de sus ejércitos.

Propone, concretamente, que la evolución humana tiene lugar mediante la adopción sucesiva, y cada vez más rápida, de tres grandes sistemas cognitivos que encierran racimos integrados de esos valores. Es decir, por sucesión de tres grandes culturas: la de la sociedad de cazadores recolectores, que duró aproximadamente 1.300 siglos, la de los agricultores y ganaderos, 300, y la de los industriales, transformadores de energías fósiles, que se inició hace 300 años.

Pero, ¿cómo y por qué se produce el cambio entre ellas? la causa ha sido generalmente pacífica, por contagio, por complementariedad de sus producciones. pero, sorprendentemente, también bélica, por conquista o defensa de las áreas religiosas, que se han ido constituido en su seno, para compartir y reforzar sus valores, o de los estados que se han creado, a su vez, dentro de ellas, para expandirlas civilmente o defenderlas militarmente.

Esta es otra de las grandes contribuciones de Morris: las guerras producen más paz. la violencia externa de las religiones y de los estados ha sido un instrumento básico para conseguir la paz interna y el progreso social de ellos mismos y de sus entornos. Sin las guerras externas llevadas a efecto por chinos, romanos, árabes y europeos, etc. Que les permitieron expandir sus fronteras e integrar culturalmente dentro de ellas a los violentos bárbaros que los rodeaban, no habría tenido lugar el actual desarrollo global. Incompleto pero impresionante que, propulsado por la razón, la ciencia y el humanismo, como muestra cuantitativamente Steven Pinker, ha tenido lugar desde la ilustración hasta hoy.

Desde esta perspectiva, la tendencia natural del progreso social futuro, es clara. Como su agente es el hombre, la más probable, será, entre las viables, la que más aumente la población: con violencia externa más breve e intensa a corto plazo, para lograr una paz interna más extensa y menos profunda a largo plazo. El tema que, hasta la fecha, no ha planteado nadie frontalmente, es como se puede intentar prever su viabilidad. Hay muchos y valiosos estudios acerca de cuáles son los límites físicos al crecimiento. Ninguno de cules son sus equivalentes límites sociales y morales. sólo cuando lo sepamos podremos evitar Armageddon.

Pero de una cosa parece que podemos estar seguros. La multitud de análisis cuantitativos de los motores y frenos físicos, sociales y morales, de la evolución, que Pinker recoge en su última magnífica obra, apunta a que los segundos son más trascendentes y baratos. Esa puede y debe ser la principal contribución europea en el porvenir.